
Ginebra se localiza en la esquina sur occidental de Suiza, en la frontera con Francia y a orillas del Lago Ginebra. Es una ciudad cosmopolita y muchos de sus dos millones de habitantes son de origen extranjero. Es también sede de las Naciones Unidas y muchas otras organizaciones diplomáticas e internacionales. Y aunque es más bien una ciudad tranquila, ofrece a los visitantes impresionantes atracciones naturales e históricas, a pesar de ser un sitio caro para visitar.

El Lago Ginebra es el punto focal de la ciudad y está bordeado por una costa muy animada, con numerosos y bellos parques y jardines colindando con el lago y la famosa fuente Jet d-Eau lanzando agua a casi 400 pies de altura en el lago.

Además de su hermosa naturaleza, Ginebra ofrece diversos atractivos históricos en el Centro Antiguo de la ciudad, con una red de interesantes callejones y la Catedral de San Pedro, de 850 años de antigüedad, dominando la ciudad. El Centro Antiguo se encuentra al sur del río Ródano, entre Jardin Anglais y Parc des Bastions.
Existen numerosos museos y galerías. Es interesante visitar el Museo de la Cruz Roja Internacional, así como el edificio de las Naciones Unidas (Palais des Nations). Los amantes de las compras interesados en joyas, relojes y ropa de diseñadores no estarán decepcionados con las opciones que la ciudad les ofrece. Como nota curiosa, existen más restaurantes por ciudadano en Ginebra que en Nueva York.
La ciudad tampoco se queda corta en opciones de alojamiento, y ofrece una enorme variedad de opciones con establecimientos de calidad. A pesar de la gran cantidad de hoteles, la ciudad es muy visitada en el verano, debido en parte a las numerosas conferencias internacionales que aquí tienen lugar. Realiza tus reservar con anticipación. La mayoría de los hoteles se encuentran a corta distancia de la estación de trenes, al norte del Centro Antiguo y el Ródano, y a lo largo de la orilla derecha del Lago Ginebra.
La cultura de Ginebra es una mezcla de lo francés, alemán e italiano, con las cualidades suizas de eficacia en todos los aspectos. El francés es el idioma más hablado en Ginebra, aunque muchas personas hablan inglés debido a la presencia internacional de la ciudad. Los ginebreses aman a su limpísima ciudad y son hospitalarios con los visitantes siempre y cuando respeten a la ciudad y a sus habitantes comportándose y vistiéndose con decoro.
Gobernada por los celtas antes de que los romanos conquistaran Galia, Ginebra evolucionó durante épocas turbulentas hasta la Edad Media, tal como sucedió en toda la región. La ciudad pasó a ser parte del Imperio Romano en 121 AC y tiempo después fue testigo de la lucha entre los condes y obispos de Ginebra y los condes se Saboya y los mismos ginebreses.
La ciudad eventualmente obtuvo su independencia en 1536, cuando la Reforma, encabezada por cuatro figuras religiosas, convirtió a sus ciudadanos al protestantismo e hizo de la ciudad una república. Ginebra perdió su independencia en 1798 cuando Napoleón la anexó a Francia bajo el Directorio. Sin embargo, su duración fue corta tras el derrocamiento de Napoleón. Ginebra obtuvo nuevamente su independencia y se fue admitida en la Confederación Suiza.

Treinta años después y poco después de 300 años luego de la Reforma, James Fazy derrocó al gobierno y estableció la constitución, a la que hoy en día Suiza sigue siendo fiel. Durante ese tiempo, Ginebra se convirtió en hogar de muchos refugiados políticos. Fue en ese entonces cuando Henri Dunant, un residente ginebrés, estableció el Comité Internacional de la Cruz Roja (1864), lo que dio pie a que muchas otras organizaciones internacionales se establecieran aquí.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Ginebra fue elegida como el sitio para establecer la sede de la Liga de las Naciones, que después se convertiría en las Naciones Unidas. En la actualidad, Ginebra es más importante que nunca en cuestiones diplomáticas y sigue siendo hogar de numerosos organismos. Esto ha contribuido a la prosperidad y crecimiento de la ciudad y a su desarrollo de una pequeña ciudad rica a una ciudad de clase mundial. En anios recientes se ha invertido dinero para rehabilitar la imagen de Ginebra como un centro político y cultural y para ofrecer a sus habitantes y turistas una gran variedad de atracciones.

La mejor época para visitar Ginebra es de julio a agosto, cuando el clima es muy agradable, pero deberás estar preparado para enfrentar a las multitudes de turistas y alojamiento a precios elevados y difícil de encontrar. Los meses de junio y septiembre no son tan ajetreados, y aunque son un poco más frescos, las opciones de alojamiento son más abundantes y a precios más moderados. El clima es difícil de predecir en septiembre.
Debido a su altitud, Ginebra rara vez tiene temperaturas superiores a los 25° C y las temperaturas invernales suelen ser congelantes. Muchos prefieren visitar durante la temporada de esquí, que generalmente se extiende de octubre a abril.































