Eslovaquia Visión general

Este pequeño y relativamente nuevo miembro de la Unión Europea tiene mucho que ofrecer a sus visitantes. La mayoría de la acción del país se concentra en la capital, Bratislava, en donde se encuentra la mayoría de las instituciones culturales, vida nocturna y restaurantes del país. Su Casco Antiguo y el imponente Castillo de Bratislava son sólo dos de las atracciones de esta ciudad de un milenio de antigüedad. Fuera de la capital, los viajeros podrán disfrutar de la encantadora sencillez del campo y de la elevación del terreno en los Altos Tatras a lo largo de la frontera norte. Viñedos, manantiales termales y ruinas de antiguos castillos son solo algunas de las atracciones que ofrece Eslovaquia.

Aunque es posible es posible volar directamente al aeropuerto de Bratislava, muchos viajeros lo hace por medio del enorme aeropuerto internacional de Viena, ubicado a sólo 60 kilómetros de distancia, y toman un autobús a Bratislava. Los vuelos internacionales directos a la capital eslovaca son limitados, por lo que es común que los viajeros lleguen por tren o autobús; ambos medios de transporte ofrecen servicios frecuentes a Viena y Praga.

Si bien el eslovaco es la lengua principal de Eslovaquia, la mayoría de la población habla inglés, por lo que viajar dentro del país y comunicarse con los eslovacos es muy fácil. Las opciones de alojamiento en el país van de sofisticados y costosos hoteles en Bratislava y en la ciudad-balneario de Piestany hasta pensiones económicas y hoteles familiares salpicados por todo el país. Eslovaquia tiene una industria turística próspera y bien desarrollada basada en su abundancia de actividades al aire libre, especialmente en opciones para la práctica de esquí.
Aunque no es un destino tan económico como Hungría o Rumania, puede estar seguro de que su dinero le rendirá bastante en Eslovaquia. La comida es muy barata, aun en los buenos restaurantes de Bratislava. Los precios de alojamiento son razonables y el coste del transporte público es muy reducido. Los eslovacos harán todo lo posible para hacer sentir bienvenidos a los visitantes, por lo que no deberá encontrar mayores dificultades para trasladarse de un punto a otro mientras explora este pintoresco y muy de moda país de Europa del Este.

Eslovaquia tiene lo que generalmente se considera un clima continental húmedo. Los veranos suelen ser cálidos con precipitaciones ocasionales, mientras que los inviernos son típicamente fríos y con nevadas. Las temperaturas son bastante consistentes en todo el país, registrando cambios según la elevación. Las regiones más cálidas y secas del país se encuentran en las tierras bajas y en las planicies del sur, mientras que las zonas montañosas en el norte pueden ser frías durante todo el año, con inviernos muy severos.

Las precipitaciones en el país son impredecibles, y el clima puede cambiar rápidamente en cualquier momento del año, de una mañana soleada a una tarde fría con tormentas. El verano trae consigo las temperaturas más altas, con un promedio de 26° C, excepto en las montañas, donde siempre es un poco más frío. Las tormentas eléctricas son comunes en la temporada, pero en general, es la mejor época del año.

El invierno trae temperaturas frías a lo largo y ancho del país. En esta temporada, las temperaturas diurnas permanecen alrededor de bajo cero, mientras que en las noches suelen ser gélidas. Eslovaquia recibe a la mayoría de los turistas en el periodo de mayo a octubre, temporada en la cual viajeros en tours organizados la visitan en números masivos. El invierno es la temporada de esquí en los Altos Tatras, pero muchas de las atracciones del país, como castillos o monumentos, permanecen cerrados al público o tienen horarios de apertura reducidos. Primavera y otoño son quizá las mejores temporadas para viajar a Eslovaquia, pues el número de turistas es reducido y el clima es refrescante y placentero.

La región actualmente conocida como Eslovaquia estuvo habitada por vez primera por las tribus eslavas, del siglo V AC hasta el año 833 DC, cuando el príncipe de Moravia la incorporó al Imperio de la Gran Moravia, el cual se convirtió al cristianismo en el año 863 DC con la llegada de los hermanos de Tesalónica. La dinastía de la Gran Moravia comenzó a colapsarse hasta que finalmente cayó bajo el control de Hungría en 1018. Durante los siguientes 900 años, Eslovaquia estuvo más o menos bajo el control de las fuerzas húngaras.

Sin embargo, durante este largo periodo, varias fuerzas extranjeras aprovecharon la oportunidad para fragmentar el país y ganar control de algunas de sus regiones. La región de Spis en el oriente de Eslovaquia estuvo bajo control polaco de 1412 a 1772. Una invasión tártara en el siglo XIII provocó que el rey húngaro invitase a los sajones alemanes a establecerse en las zonas fronterizas del noreste. Por otra parte, los turcos tomaron control de Hungría en el siglo XVI, obligando que la capital húngara se trasladase de Buda a Bratislava.

Cuando la monarquía austro-húngara se formó en 1867, el territorio de Eslovaquia fue obligado a entrar en un periodo de asimilación húngara. En 1907, el húngaro era la única lengua que se enseñaba en las escuelas. Esto tuvo un efecto en la comunidad intelectual y cultural, la cual se acercó más a los checos, quienes a su vez estaban influenciados por los austriacos. Tras las Primera Guerra Mundial, los numerosos territorios eslavos se unieron en Checoslovaquia. La Segunda Guerra Mundial llevó al país a enfrentarse con la Alemania Nazi y más adelante con los soviéticos, quienes ocuparon el país y establecieron un sistema comunista en 1948.

El levantamiento de la Primavera de Praga en 1968 marcó el inicio de la decadencia del comunismo en Checoslovaquia, a lo que siguió una resurgencia de autonomía y nacionalismo eslovaco, lo que culminó con la separación de la República Checa y Eslovaquia en 1993. Vladimir Meciar se convirtió en primer ministro y puso al país bajo su gobierno autoritario. Unos años más tarde, cansados de la opresión democrática de Meciar, los eslovacos votaron en su contra en 1998. Seis años más tarde, en 2004, Eslovaquia se unió a la Unión Europea y a la OTAN, lo que marcó el final de la extraordinaria transformación del país.































