

Hoy en día, la Ciudad Dorada se sostiene principalmente gracias al turismo, aunque también es el centro tradicional de la producción artesanal en el Rajastán. Deambular por los bazares en el fuerte dejará grabados en su memoria un sinfín de recuerdos y le dará la oportunidad de hacer más fotografías de lo que se imagina. Frecuentemente llamada una “ciudad museo”, las estrechas calles de adoquín de Jaisalmer están flanqueadas por casas clásicas de estilo haveli, palacios, templos y tiendas tradicionales. La ciudad y el fuerte pueden ser recorridos fácilmente andado, haciendo de ésta una de las ciudades más amigables con los peatones en toda la India.

Una vez que haya explorado el fuerte, vaya fuera de la ciudad para experimentar la realidad a orillas del desierto del Thar. Las Dunas de Arena Sam son un buen sitio para iniciar: en medio de lo que parece ser una infinidad de dunas de arena, los viajeros podrán dar un paseo a camello o simplemente asimilar el gran vacío del desierto. El lago Gadsisar, con su agradable combinación de naturaleza, agua y antiguos templos jainistas, es otra visita obligada.
Jaisalmer es un destino fabuloso en cualquier época del año, excepto quizá durante el verano abrasador, pero la ciudad se activa realmente en enero y febrero, cuando el Festival del Camello y el Festival del Desierto hacen que la ciudad cobre vida. La buena mesa, una amplia selección de hoteles cómodos y una infraestructura turística decente hacen de Jaisalmer un fantástico destino de viaje para todos aquellos que deseen experimentar otra cara de la joya que es la India.
La leyenda detrás de Jaisalmer cuenta que el Señor Krishna, cabecilla del Clan Yadav, declaró que un futuro descendiente de su familia formaría un reino destacado sobre la Colina Tributa en algún momento. La profecía se hizo realidad en 1156 cuando Rawal Jaisal, un miembro del Clan Yadav, estableció la ciudad de Jaisalmer en la cima de esa misma colina.
Tal como una historia propia de un cuento de caballería árabe, Rawal Jaisal construyó una fortaleza resistente sobre la Colina Trikuta y comenzó a recaudar impuestos de las caravanas de camellos que viajaban en una ruta cercana. Cargadas de especias exóticas y sedas preciosas, dichas caravanas comerciales estaban en camino a ciudades como Delhi o Sind, pero tenían que pasar directamente por Jaisalmer. Esta situación estratégica siguió siendo benéfica para la ciudad, ya que se encontraba en el camino de dos rutas principales que enlazaban a la India con Persia, Egipto y más allá al oriente. Incluso durante la época medieval, los gobernantes Bhatti Rajput originales continuaron controlando este paso y se hicieron muy ricos por la recaudación de impuestos.
La ubicación remota de Jaisalmer también servía para mantenerla fuera del interés inmediato de otros gobernantes extranjeros más poderosos que consideraban a la ciudad fuera del alcance de su control. A mediados del siglo XIII, el rey turco-afgano de Delhi atacó a Jaisalmer porque los Bhatti Rajput saquearon una de sus arcas reales. El sitio de la ciudad duró 9 años, y cuando parecía inevitable la caída de Jaisalmer, las mujeres Rajput se suicidaron para evitar ser capturadas.

Duda, hijo de uno de los gobernantes Bhatti Rajput, se convirtió en el héroe local de este largo sitio perpetuado por Delhi. Este personaje murió en batalla, pero sus descendientes recuperaron el control de Jaisalmer al lograr un nuevo acuerdo con los emperadores mogoles de Delhi. Finalmente, el poderoso emperador Shah Jahan concedió la ciudad de Jaisalmer a Sabala Simha como recompense por su valentía en la Batalla de Peshawar.
La reputación de Jaisalmer de ser una ciudad resistente continuó hasta la era moderna, pues fue el último de los clanes reales en Rajputana en firmar el “Instrumento de Acuerdo” británico, un precursor del mandato colonial británico. Al lograrse la independencia india en 1947, la ciudad firmó un documento donde acordaba seguir siendo parte de la nueva India autónoma. Desde aquella ocasión trascendental, Jaisalmer se ha convertido en el centro cultural en el occidente de la India y un importante destino turístico. Con sus paisajes inigualables, centro de comercio vibrante e historia colorida, la Ciudad Dorada de Jaisalmer parecer estar lista para ser un destino célebre durante siglos.

Jaisalmer es típicamente una ciudad del desierto. Su clima es fielmente seco, caluroso y polvoriento durante la mayor parte del año, aunque esto no es necesariamente algo malo. Por su falta de lluvias característica, Jaisalmer disfruta de baja humedad y cielos claros, dos factores que hacen que sus noches sean bastante agradables, incluso en pleno verano.
El clima más placentero tiene lugar durante los meses de invierno, de noviembre a febrero. Durante la temporada alta en Jaisalmer, las temperaturas son idílicas y registran 24° C durante el día, además de cielos azules despejados. Durante la noche, el aire puro del desierto hace desvanecer el calor del día, lo que da como resultado temperaturas auténticamente frías que muchas veces descienden hasta 7 u 8° C. Enero y febrero son meses ideales para efectuar un viaje a este destino, ya que además coinciden con los principales festivales anuales del desierto.
Los largos veranos en Jaisalmer, que se extienden desde abril hasta agosto, son un caso completamente diferente. Esta temporada es la menos placentera para realizar una visita, ya que las temperaturas diurnas por lo general alcanzan 42° C e incluso más. Afortunadamente, debido a la falta de lluvias, los cielos claros permiten que las temperaturas desciendan a un nivel más placentero hasta 25° C durante las noches. Aunque la ciudad está situada dentro de la trayectoria del monzón del desierto del Thar, rara vez recibe más de 15 centímetros de precipitaciones anuales. Las lluvias en Jaisalmer son un acontecimiento realmente maravilloso.































