


La historia de Innsbruck se remonta hasta la Edad de Bronce, pero fueron los romanos en el año 15 A.C. quienes realmente empezaron a darle importancia. La estratégica situación de la ciudad en el cruce de dos importantes rutas sobre los Alpes la hicieron el lugar ideal para los romanos para establecer un asentamiento. Los bávaros también estaban interesados en la localización de Innsbruck, asentándose en el valle en el siglo VI. Ellos establecieron las bases de la ciudad que conocemos hoy y que durante casi 1.000 años ha sido un centro vital para el comercio y el transporte.

Ya que Innsbruck está en el centro de la cadena montañosa del Tirol, siempre ha estado envuelta en las luchas de poder del momento. Los condes de Andechs establecieron su base en la ciudad, estableciendo el primer mercado en 1180 y construyendo un puente importante sobre el río Inn que conectaba las rutas comerciales del norte y el sur de los Alpes. Desde este momento Innsbruck comenzó a prosperar.

Cuando el Conde Alberto III tomó el control de Innsbruck en 1248, la ciudad comenzó lo que se considera su era moderna. Fue nombrada capital de Tirol en 1429 y los dos siglos subsiguientes fueron sus años dorados. Maximiliano I, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, transformó Innsbruck en un centro de aprendizaje, cultura y comercio. Él construyó el magnífico Tejado Dorado, que sigue siendo el más famoso monumento de la ciudad.

La conquista de Austria por Napoleón en 1805 supuso un periodo de conflictos e inestabilidad en la región del Tirol. Pero a finales del siglo XIX, Innsbruck estuvo de vuelta en el centro del comercio austriaco ya que la Revolución Industrial había empezado. Un ferrocarril construido a través del Paso de Brenner colocó a Innsbruck en el centro del transporte regional a través de los Alpes, restableciendo su importancia tradicional. Cuando la ciudad fue anfitriona de los Juegos Olímpicos de Invierno en 1964 y 1976, Innsbruck ganó un nuevo reconocimiento, esta vez como centro de deportes al aire libre. La ciudad abrazó la nueva ola de esquiadores, quienes encontraron el equilibrio de la cultura del Viejo Continente y unas exquisitas instalaciones alpinas demasiado buenas para resistirse a ellas. Hoy, Innsbruck sigue siendo uno los más populares destinos turísticos de Europa precisamente a causa de su singular encanto.
Innsbruck está casi tan cerca del centro de Europa continental como puede llegar. Su clima moderado está marcado por cuatro temporadas muy distintas que son aún más vibrantes debido a su ubicación alpina. Los veranos son perfectamente cálidos, unidos a noches frescas, así que necesitará un suéter sin importar en qué temporada visite. Caen precipitaciones durante todo el año, pero se reducen más durante los meses de verano con poderosas pero breves tormentas por las tardes.

Los inviernos son naturalmente bastante fríos considerando la ubicación alpina de Innsbruck. Las temperaturas rondan el grado de congelación y la nieve cae con frecuencia y fuertemente en las montañas. Esto es beneficioso para esquiadores, y lo mejor de todo, cuando no nieva el sol brilla en el cielo azul, creando una sensación de calor solar. A medida que gane elevación, usted puede esperar más nieve y temperaturas más bajas.

En ocasiones, los días fríos de invierno se calientan gracias a los vientos secos del sur llamados foehn. Esta singular condición climática es una característica del tiempo de Innsbruck, así que espere algunos días muy ventosos en la ciudad durante la primavera y el otoño. Los vientos foehn también ayudan a barrer la niebla del valle y traen cortas ráfagas de tiempo de verano en momentos inesperados. Al igual que todos los entornos alpinos, el tiempo puede cambiar en minutos, así que esté preparado para cada condición cuando vaya a las montañas.































